En Colombia se siente el ambiente político, con la primera vuelta tan cerca, el país se encuentra en un constante replanteamiento de su situación política. En este marco desde UniSabana Editorial queremos invitarte a pensar sobre las candidaturas, cómo se han transformado con el auge de las redes sociales y la necesidad de los candidatos de apelar a estos espacios para conseguir mayor reconocimiento.

Dos artículos de la revista Palabra Clave: La campaña a la Alcaldía de Manizales (Colombia) en Twitter: un caso para comprender la interacción en línea entre candidatos y ciudadanos y Trump 2016: ¿presidente gracias a las redes sociales?, Analizan el fenómeno del uso de las redes sociales en campañas políticas desde dos contextos y enfoques distintos: uno a partir de un estudio del comportamiento de los candidatos y de los cuidados en las redes sociales; y el otro, a partir del estudio de la exitosa campaña de Donald Trump en 2016.
En ambos artículos se explora el impacto que representa el uso de redes de comunicación no tradicionales (Twitter, Facebook, Instagram) para la discusión política; se han convertido en un espacio donde las personas sienten que pueden expresar libremente sus ideales políticos. Sin embargo, se puede ver que en muchos casos las redes sociales no priorizan los debates de las propuestas. Sino que se centran en los aspectos polémicos de los candidatos, como en la radicalización de posturas políticas ya establecidas conectadas con los candidatos. En el artículo La campaña a la Alcaldía de Manizales (Colombia) en Twitter un caso para comprender la interacción en línea entre candidatos y ciudadanos, el caso de la candidata Adriana Gutiérrez Jaramillo evidenció cómo la interacción generada alrededor de sus publicaciones en Twitter terminó fortaleciendo la polarización política entre los usuarios.
En el artículo se puede ver cómo los tuits relacionados con la candidata eran mayoritariamente de ataques, críticas o acusaciones, seguidos por tuits de propaganda política. La dinámica que surgía de las publicaciones, retuits y comentarios derivaba en confrontaciones con las del partido que ella representaba. Los retuits amplificaban estas posturas, permitiendo que los mensajes circularan principalmente entre personas con ideas similares, mientras que quienes pensaban diferente respondían con desacuerdos que frecuentemente terminaban en ataques entre usuarios. Más que generar debate político o intercambio de argumentos, las interacciones alrededor de sus publicaciones contribuyeron a una separación entre los distintos ideales políticos.
Esto no solo se dio en la red social de esta candidata, más bien parece haber permeado la mayoría de las candidaturas, puesto que en el artículo se ve cómo en casi todos los candidatos analizados sus interacciones en Twitter se centraban en ataques o propaganda política. Se comenta que “no hay evidencia de un uso masivo y constante de la comunicación en dos vías (bidireccional) que Twitter ofrece. El ciudadano fue considerado un punto de llegada de la información” (López, 2017, p. 820). Para los candidatos, las redes no significaban un espacio de interacción real, sino un nuevo formato de difusión de ideas. Sin embargo, los ciudadanos tampoco incentivaban el debate ya que priorizaban defender o atacar las posturas. En otras palabras, aunque las redes sociales sí generan un mayor reconocimiento para la ciudadanía, los candidatos políticos no parecen estar dispuestos a abrirse realmente a un ejercicio de cuestionamiento de las problemáticas de la población. La población, por su parte, tampoco parece estar dispuesta a ser interpelada por otro tipo de pensamientos, prefiriendo discutir aspectos ajenos al proyecto propuesto por los candidatos. Que en retrospectiva es lo que debería tener más peso en la discusión, pero tanto para los candidatos como para los ciudadanos, esto queda de segundo plano.
En el caso del artículo Trump 2016: ¿presidente gracias a las redes sociales? Podemos ver el impacto de una interacción constante en las redes por parte de los candidatos. El artículo hace un recuento de los factores que contribuyeron al reconocimiento de la candidatura de Donald Trump, tales como la proximidad, la espontaneidad, la falta de tecnicismo político, la incentivación de los prejuicios y el uso de la esfera mediática. El candidato tuvo una habilidad para generar controversia en la población; esto dio lugar a una identificación con sus ideales o con algunos de sus comentarios. Sin embargo, el candidato también manipuló la percepción del público con el objetivo de generar un impacto constante en las conversaciones de las redes sociales. En el artículo se comenta que en la campaña se usaron bots para aumentar la interacción de las publicaciones y los mensajes de apoyo. Por su parte, el candidato se esforzó por demostrar que estaba en contra del orden político ya establecido, incentivando la confrontación y ataques de sus opositores.
Parte del éxito de Donald Trump es que usó una narrativa en la que se mostró como la opción perfecta del cambio. En un entorno donde los ciudadanos estaban inconformes con la gestión del país, supo desenvolverse en plataformas que no tenían restricciones para el discurso político. Se menciona en el artículo que, aunque influyeron los medios masificados como Twitter, por el cual se dio mayoritariamente la candidatura, su éxito estuvo atravesado por la situación política del país en donde coincidieron la polarización y la aversión a la política tradicional, con la imagen y cercanía que mostraba el candidato en las redes.
Ambos casos muestran que el uso de las redes sociales en el discurso político puede fácilmente alejarse del debate sobre las necesidades o problemáticas sociales, a conflictos de ideales o creencias individuales. En el primer artículo se ve cómo el fomento de pensamientos ya establecidos que generan violencia, cerrando los espacios de debate, aunque ampliando el alcance. En segundo se ve cómo la manipulación de las creencias de los ciudadanos, a través de la alteración de la percepción en entornos digitales. El libro Trump y el barril de Diógenes expone que la “libertad sin orden es una falsa libertad” ( Rodríguez, 2017, p.218), es decir, que se necesita de un diálogo frente a las propuestas puesto que todas las decisiones tienen repercusiones en otros, y claro, la esfera política no está excepta. La libertad en entornos como las redes sociales siempre implicará una interacción con el otro, y por la naturaleza de la misma plataforma, se le debe dar cabida al diálogo como un espacio en donde se reconoce a los demás como iguales. Si los políticos manipulan a los ciudadanos o los ignoran, la política que se está haciendo está truncada.
Las redes sociales son plataformas útiles que permiten el acceso directo a opiniones contrarias. Es un lugar que puede dar espacios genuinos de discusión política; sin embargo, como con la mayoría de aspectos políticos, el pensamiento crítico es muy importante. Hay que pensar las intenciones con las cuales un candidato publica un tuit o se expresa de una forma específica. La mayoría de las decisiones que toman los políticos no son espontáneas y, en los casos en los que sí, estas opiniones sirven a ideales individuales, que habrá que poner en debate si son los mejores para la población en general o no.



